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Los tres relojes Omega que no conocías


En este capítulo te presentamos tres relojes Omega que no conocías bueno, quizá tú sí. Pero un gran número de apasionados a la relojería no sabía de su existencia.

Omega es, sin duda, una de las marcas más potentes de la industria. Su historia es amplia, legendaria y así de brillante es también su futuro. Sin embargo, no sé por qué nos emociona mucho su pasado, quizá porque #LosAñosMaravillosos.

Omega Seamaster Polaris-1988

Omega Seamaster Polaris 1988 tres relojes Omega que no conocías

Omega Seamaster Polaris  

Nació en 1988 como producto de la estrecha relación de la marca y los Juegos Olímpicos. Presentaba una configuración muy ad-hoc a la época, con un juego de color entre el acero cepillado y el oro de 18 quilates. El calibre es un cuarzo electrónico análogo. De Polaris se fabricaron poco más de 11 mil unidades y sus funciones entregaban: cronógrafo con segundos partidos, GMT y taquímetro. Además de horas, minutos y segundos. Hermético hasta los 30 metros, costaba un aproximado de mil 800 francos suizos en la época y se fabricó hasta 1991.

Omega Seamaster Ploprof Professional

Seamaster Ploprof, reloj profesional de buceo

Omega Seamaster Ploprof Professional 

En la década de los 60 Rolex inventó la válvula de escape de helio para las inmersiones profundas. No entraremos en largos detalles, pero si buceas sabes de lo que te hablo. Esa presión acumulada al interior puede ser crítica para el estado de un reloj pese a ser hermético. Y cuando se buscaban piezas que soportaran expediciones impresionantes, Omega realizó un titán que aseguraba, mediante su construcción, la durabilidad, precisión y resistencia de la pieza. Sí así se veía, créeme que resistía todo. El bisel se aseguraba para impedir su movimiento accidental, requerías de una acción conjunta con el enorme pulsador rojo del lateral derecho para poder manipularlo. Sistema de corona patentado, horas, minutos y segundos, todo con tratamiento luminiscente. No necesitabas más.

Omega Speedmaster Alaska Project 

Diseñado para resistir temperaturas extremas en el espacio, fue producto de un proyecto cancelado por la NASA. El primero de estos se lanzó en 1969 y contaba con una caja de titanio, de construcción muy similar al Mark II. Sin embargo lo que llama la atención era la coraza, caparazón, de color rojo fabricado en aluminio anodizado. El principio era muy sencillo, una especie de traje que mantuviera la temperatura – aislara la exterior, sin ocultar la carátula, que había sido recubierta con óxido de Zinc, para reflejar los rayos del Sol y así el calor. Las agujas de los totalizadores estaban inspiradas en los transbordadores. Este reloj marca, en su segunda generación de 1972 que eliminó la caja de titanio, el final del Apollo Project.

La más reciente Limited Edition fue fabricada en 2008 y se presentó con un strap que aseguraba funcionamiento total a -148 + 260 grados centígrados.

Continúa con: 5 relojes Omega que todo coleccionista debe tener.

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