All you need is… Jean-Claude Biver

No necesita carta de presentación, su prestigio como gurú de la relojería contemporánea le sitúa dentro de la inmortalidad del arte de medir el tiempo. No es un relojero, no inventó el tourbillon, pero llenó de magia nuestra industria y, lo más importante, la alista de cara a una nueva era tan impredecible como emocionante. Nos referimos a Jean-Claude Biver, el hombre que tiene todas las respuestas, pero que se ha sabido construir a partir de sus errores. Con modestia, confiesa que sus máximos mentores le dieron la oportunidad de equivocarse y aprender. Su mayor legado: el recurso humano, como también su humanidad trascendental.

 

Mi clave para el éxito es rodearme de un equipo de trabajo que me supera en todos los sentidos. Ese talento es el que hizo fuerte a quien hoy toma los premios y recibe el aplauso de ustedes, pero que es en realidad para mis amigos: Jean-Claude Biver.

Watches World: ¿Cuál fue el momento en el que descubrió su pasión por la relojería?

Jean-Claude Biver: Yo era un hombre completamente diferente al actual, que veía como tragedia tener que trabajar en algo que no fuera para mí una motivación natural. Entonces, un amigo me preguntó cuál había sido mi juguete favorito cuando era niño, le respondí que los trenes de vapor. En ese momento me introdujo en la relojería, y yo no podía creer que hubiera tantas similitudes entre una y otra. Evidentemente existen grandes diferencias, pero en lo que coinciden es en que han permanecido estables desde su invención, pues la esencia es la misma. El reloj que me mostró fue un Piguet calibre 71-FP (Jacques Piguet, hijo de Frédéric Piguet), un movimiento automático completamente visible, ya que no portaba carátula al ser un reloj utilizado como prototipo para pruebas. Inmediatamente me enamoré de los relojes y decidí que mi pasión podía ser el arte de la relojería, a pesar de no ser una pasión natural, sino provocada.

WW: Usted es el mentor de la industria, pero ¿quién le enseñó a Mr. Biver?

JCB: Tuve un par de maestros, el primero fue Fritz Ammann, mi primer jefe en Omega (1979-1980). Era un hombre joven que ahora tiene 75 años, seis más que yo. En aquel entonces yo tenía 29 años y él 35, una diferencia considerable en términos de conocimiento y madurez en la industria. Mi mayor aprendizaje fue la confianza que me otorgó, porque al confiar en mí también me cedió responsabilidades. Un rasgo esencial de su mentoría fue el de respetar mis errores, en el sentido en el que sabía que si yo cometía un error, debía aprender de él para no cometerlo otra vez. Si puedes cometer un error y aprender de él, entonces ello se convierte en un proceso de aprendizaje.

Tuve y siento una gran admiración por mi segundo maestro que, si bien no fue tan esencial debido a que yo era un hombre maduro en ese momento, sí forma parte natural de mi proyección hacia el futuro porque aprendí a confiar en mí mismo. En 1993 me dio la responsabilidad de llevar el marketing y producto en Omega, con lo cual confió en mí y en la visión que tenía para proyectar a la marca hacia un plano internacional. Este hombre responde al nombre de Nicolas Hayek.

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WW: ¿Fuera de la industria relojera existe algún hombre al que admire Jean-Claude Biver?

JCB: Admiro a miles de millones de personas, pero un ejemplo puntual sería Steve Jobs. Porque era capaz de transformar un producto en otro; tomó un teléfono y lo convirtió en una cámara, en un dispositivo de internet y en un reproductor de música. Hoy día pasa lo mismo con la relojería, pues no vendemos un reloj, sino un estilo de vida. Vendemos estatus, vendemos sueños, vendemos felicidad, diseño… Y no miramos el reloj para ver la hora, sino para observar lo que está detrás de él.

WW: ¿Cuál es su principal cualidad?

JCB: El amor, mi religión es el amor. Porque yo comparto, perdono y respeto. Si tú compartes, perdonas y respetas, quiere decir que amas a la gente y que además pronto estarás respaldado por un equipo que cree en ti. La gente quiere ser respetada, quiere que compartas con ella el éxito y además desea que si corre el riesgo de hacer algo diferente, puedas perdonar si es que termina siendo un error, esto retomando el proceso de aprendizaje que mencioné en un principio. El amor sin duda es mi mayor cualidad, para darte un ejemplo: la persona más vieja que trabajó conmigo acaba de retirarse, y formó parte del equipo desde 1979; Ricardo Guadalupe, CEO de Hublot, está conmigo desde 1988.

WW: ¿Cuál es su receta para la vida diaria? ¿Cuántas horas de sueño?, ¿cuál es su dieta…?

JCB: Sigo la dieta de un atleta, lo que significa que cuando tengo una reunión con amigos y clientes, trato de no comer pesado para poder estar descansado y ser un buen anfitrión. Trato de mantener mi cuerpo en buena salud, me ejercito y en muy pocas ocasiones me excedo en comer chocolates (risas). Un hombre de negocios debe entender que debe trabajar siguiendo su pasión, porque está obligado a laborar más horas que el resto; pero también debe comprender que necesita un cuerpo saludable que tolere este ritmo.

WW: ¿Y su receta para permanecer humilde?

JCB: Dios. Todos los días agradezco a Dios por amarme, por estar vivo, por haberme dado tanto éxito, tanta felicidad, tanto placer. Esto es suficiente, 20 segundos dedicándote enteramente a Él.

En este momento de oración debes estar consciente de que lo que agradeces es algo inusual, según sea la vida de cada quien, pues somos afortunados y no mucha gente puede agradecer por lo que le ha tocado vivir.

WW: ¿Cómo percibe la relojería en este momento y cómo debería ser?

JCB: Para mí, actualmente es arte, y a ello debe apuntar porque el arte es eterno. Si hacemos relojes para ver el tiempo y los consideramos herramientas, será mejor comprar un Apple Watch, que me brinda información sobre mis deportes, mi tiempo libre y mis negocios. La Alta Relojería debe ser eterna, debe funcionar para los siguientes 30 años, tal como una obra de arte.

WW: ¿Qué ha dado Biver a la relojería y qué ha dado la relojería a Biver?

JCB: La relojería me ha dado alegría, me ha dado un éxito fenomenal, me ha dado pasión y una vida en la que no he trabajado un solo día. A cambio, yo le he dado a Ricardo Guadalupe, gracias a mí –evidentemente también a él en su mayor dimensión–. Pero me refiero a que yo también he contribuido a la formación y aprendizaje de una nueva generación de apasionados de la relojería; de gente a la que he ayudado a formar como puede ser Jean-Frederic Dufour, hoy CEO de Rolex. Mucha gente ha trabajado conmigo y se ha desarrollado para encabezar las grandes marcas de la industria, yo prefiero el desarrollo del recurso humano al de la marca, porque es un valor esencial para el crecimiento y el éxito. De igual manera, me siento orgulloso del statement que hicimos con Blancpain en 1981, pues fui el primero en creer en la relojería como arte, y en ese momento etiquetamos a la marca en contra de la era del cuarzo: “Desde 1735 nunca ha habido un Blancpain de cuarzo, y nunca lo habrá”.

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WW: ¿Qué valor le concede a la paciencia, siendo que usted es un hombre que trabaja más rápido que el resto y ejecuta de manera veloz cada una de sus estrategias?

JCB: La velocidad tiene también velocidad*. He aprendido desde 1980, cuando trabajé en Omega, que la paciencia es el compás máximo para la toma de decisiones. En ese momento, Fritz Ammann me enseñó un reloj prototipo y me preguntó si me gustaba, contesté de inmediato. Él me recomendó tenerlo durante tres semanas en el escritorio antes de tomar una decisión, porque en ese lapso podría cambiar radicalmente mi percepción del objeto, o quizá vería áreas de mejora para el mismo. La noción de la velocidad es en efecto, hacerlo ágil, pero no acelerado. Pasa lo mismo con mi correo electrónico, cuando son decisiones que requieren un planteamiento maduro del problema, jamás las acelero. Medito y pienso en las consecuencias para determinar cuál es la mejor dirección. La velocidad tiene diferentes medidas, por ejemplo: ir a 90 kilómetros por hora puede ser increíblemente rápido si la curva es sumamente pronunciada; no se puede ir a 320 kilómetros por hora en cada trayecto de un circuito, debes saber cuándo acelerar, funciona así en la vida.

WW: Usted ha tenido muchas marcas a su cargo a lo largo de su trayectoria profesional, quisiera nombrarlas y que usted las describiera de la manera más simple y trascendental posible…

  • Audemars Piguet: fue mi primer amor y, en ella, descubrí la profundidad de la relojería como arte.
  • Blancpain: mi primera marca, la reestructuramos de la A a la Z, pues la relanzamos en 1981, cuando había desaparecido desde 1959. Fue una experiencia increíble el reconectar el pasado con el futuro.
  • Omega: ahí aprendí dónde debe estar una marca internacional, y a manejar un negocio grande.
  • Swatch Group: me dio una de las más grandes oportunidades en mi carrera, cuando asumí el cargo como jefe de Producto y Marketing en Omega, fue ahí donde pude desarrollar el nuevo Constellation, el Seamaster, el Speedmaster. Tomé a Cindy Crawford como imagen, reanimé la colaboración con NASA, instauré la asociación con James Bond y tomé a Michael Schumacher como Embajador, ¡wow! Fue una experiencia inolvidable que debo agradecer al Sr. Hayek.
  • Hublot: mi vida. ¡Este es mi reloj! Hublot es 100% lo que yo amo de la relojería. Con Hublot se tiene la sensibilidad de Biver, la experiencia de Biver, el gusto de Biver, la insurrección de Biver. Es realmente la marca con la que tengo más conexión.
  • TAG Heuer: avant-garde y tradición. Aprendí a hacer relojes no para mí, sino para el cliente. Lo cual es mucho más difícil, pero realmente excitante. Con TAG Heuer debí desafiarme a mí mismo para aceptar que el cliente tiene poco más de 20 años y desea adquirir su primer reloj de lujo en un rango accesible de precio.
  • Zenith: es el futuro de la tradición suiza. Y el futuro no puede repetirse. Tenemos como ejemplo El Primero (1969) midiendo la décima de segundo, pero El Primero 21 hace lo propio cuantificando la centésima de segundo, de manera mecánica.
  • LVMH: el Grupo más grande del mundo del lujo. Con LVMH he aprendido la importancia del “emprendedorismo”, ya que los jefes no le piden a sus CEO ser solo directores, sino emprendedores.
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WW: Siendo Hublot parte de Biver y Biver parte de Hublot, ¿qué reloj Hublot describe mejor a Biver?

JCB: Quizá por ser el último, pero intervenidos por Orlinski son excepcionales. La razón es que es la Edición Limitada que se aleja más de lo que Hublot propone, pero sigue viéndose como un Hublot. Y reiterando mi visión de hacer de la Alta Relojería una pieza de arte, qué mejor que una estructura volumétrica diseñada por el propio artista. El Classic Fusion Aerofusion Orlinski México Green Ceramic Limited Edition me encantó, porque amo el acabado mate y el color verde.

WW: ¿Cuál es el futuro en la evolución de Hublot?

JCB: Ricardo Guadalupe tiene el ADN de la marca en su sangre. Muchos no toman en cuenta que Ricardo está al frente de la marca y de las decisiones desde 2012, y esto es muestra inequívoca de que la Casa tiene al hombre ideal en el timón. El crecimiento, en términos económicos, de reconocimiento de marca y de producto, jamás ha desacelerado, por el contrario, sigue aumentando al mismo ritmo. El mayor legado que cualquier directivo puede dejar a la empresa es la continuidad de su visión, si es que el camino es el correcto. Y Ricardo lo ha hecho de manera magistral, y cuando deje a alguien a su cargo, ese legado seguirá fuerte e inquebrantable.

No se preocupen si nacieron sin pasión por algo en específico, preocúpense por apasionarse de algo en la vida que les motive y les guíe en su trabajo, porque cuando finalmente la encuentras, no tendrás que trabajar un día en tu vida: Jean-Claude Biver.

 

Marco Alegría

…Ya entendería yo, con cada pieza de alta relojería, que la mayor parte de lo que llamamos extraordinario se disfruta sin percatarse del paso del tiempo, pero mirando el reloj.

"Las opiniones de este artículo son responsabilidad de quien lo escribe. El director editorial responsable de este sitio es Guillermo Lira Plaza".

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