La evolución de un Gran Clásico

WW-OTOÑO 2010. Hablar de TAG Heuer es hablar del líder indiscutible de los cronógrafos de alta gama. Pruebas que sustentan lo anterior sobran: el Mikrograph, primer contador deportivo con una precisión a la centésima de segundo, creado en 1916; el Calibre 360, ganador del Gran Premio de Relojería de Ginebra y primer cronógrafo mecánico de pulsera con un latido de 360,000 a/h; o el Autavia, el primer contador de salpicadero de 12 horas para el automovilismo y la aviación. No obstante, es la mítica colección Carrera, creada por el legendario Jack Heuer en 1964 para la “Carrera Panamericana de México”, la que catapultó a la marca a niveles insospechados.

Hoy son siete los cronógrafos mecánicos que integran el elenco TAG Heuer: los Calibres 11 y 12 desarrollados con Dubois-Depraz, los Calibres 16 y 17 de ETA, el Calibre 36 desarrollado con Zenith, el Calibre 360 y el nuevo Calibre 1887.

La mítica colección Carrera, creada por el legendario Jack Heuer en 1964 para la “Carrera Panamericana de México”, catapultó a la marca a niveles insospechados.

Fiel a su espíritu

En el desarrollo del Calibre 1887 -que fue presentado en el Centro Tecnológico McLaren en diciembre del 2009-, se invirtieron casi tres años. El resultado: un movimiento cronógrafo automático con una fiabilidad y sofisticación soberbias. Hoy, este potente “motor” del siglo XXI ve la luz comercialmente hablando dentro de un cronógrafo Carrera totalmente nuevo, con un diseño y prestaciones simplemente espectaculares.

El nuevo integrante de la familia Carrera, muestra una evolución del icono de los sesenta. En su diseño se ha enfatizado el minimalismo, la pureza, la legibilidad y la discreta elegancia del original. Este “Gran Clásico”, reinventado para celebrar el 150 aniversario de TAG Heuer, es fiel al original en diseño y espíritu, pero su “motor” es radicalmente nuevo.

Los componentes clave del movimiento (platina base, masa oscilante y puentes), así como la caja del Cronógrafo Carrera 1887, se elaboran en la fábrica Cortech de TAG Heuer en Cornol (Jura). Es un taller de última generación, “todo bajo un mismo techo”, equipado con máquinas y robots suizos capaces de estampar, fresar y acabar con la precisión de una micra. En estas instalaciones también se encuentra el primer robot suizo de la historia apto para seleccionar y engastar automáticamente los 39 rubíes del movimiento del Calibre 1887.

Este avance de la ingeniería moderna permite producir un movimiento de alta calidad a un costo realmente competitivo, con lo que se reafirma el principio básico de la filosofía TAG Heuer: “costo justo/precio justo”.

La avanzada plataforma de movimiento cronógrafo con rueda de pilares/piñón oscilante del Calibre 1887, fue desarrollada a partir de elementos de propiedad intelectual comprados a Seiko Instruments Inc. (SII), que lo diseñó y patentó como TC78 en 1997/99. Este aspecto lo convierte en una de las construcciones más recientes en el mundo de los cronógrafos de alta gama, ya que la mayoría de los cronógrafos existentes se remontan a los años setenta o principios de los ochenta.

Vibrando a 28,800 a/h, el movimiento del Calibre 1887, con 39 rubíes y dimensiones de 29.3 mm x 7.13 mm, consta de 320 componentes y cuenta con una reserva de marcha de 50 horas. Se trata de un motor potente, robusto y de fácil mantenimiento, que aloja una versión audazmente rediseñada inspirada en el piñón oscilante de la marca, patentado en 1887 por Edouard Heuer.

La rueda de pilares, que coordina las funciones de arranque, parada y puesta a cero de la aguja del cronógrafo, funciona como una caja de cambios, mientras que el piñón oscilante lo hace como un embrague. La suavidad y la precisión de su arranque de clic supersuave, es un elemento reconocido de la excelencia relojera de alta gama.

El Cronógrafo Carrera 1887 de TAG Heuer es digno representante de su linaje y exhibe con orgullo su componente estrella: el movimiento cronógrafo mecánico Calibre 1887, con su columna de pilares azul, espiral-volante suizo de máxima calidad con acabado micro-blazed y la masa oscilante TAG Heder, a través de su deslumbrante fondo de caja de cristal de zafiro. La escala taquimétrica del bisel satinado-pulido pone de relieve su abolengo automovilístico mientras que su diseño, puro y estilizado, dotado de la excelente legibilidad que caracterizaba a su antecesor de 1964, lo distinguen inmediatamente como un Gran Clásico en la más pura tradición Carrera.

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Comunicóloga especializada en medios impresos y electrónicos. Escribir me apasiona tanto como la alta relojería con su preciso y encantador tic-tac.

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