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Esta es la historia de Jaeger-LeCoultre


 |  11 abril, 2014

La historia de Jaeger-LeCoultre nos invita a pensar en su apodo: el reloj de los relojeros (The Watchmaker’s Watchmaker). Y es que cuando pensamos en Alta Relojería, debemos ejecutar indagar con respecto a la historia y a sus innovaciones, a la horología artesanal/artística de alto calibre y de enorme potencial por aportar.

Más de 1200 calibres in–house, 180 disciplinas-oficios y más de 400 patentes redondeando hacia abajo. Todo cabe en un impresionante taller de generación y ambiente relojero que vive en tiempo pasado pero que conjuga su futuro mediante un expertise aprendido, heredado y revolucionado. Ese espíritu único que ha provisto a las más prestigiosas casas relojeras del órgano más importante de un reloj, su corazón. Hablamos de Alta Relojería, y de La Grande Maison Jaeger-LeCoultre.

Antoine desciende de una familia de linaje creativo y dedicado, no sólo a la actividad que seleccionó para emplearse, sino para dar trabajo a una comunicad, proveerla de una iglesia y de un estilo de vida particular.

El fundador de la casa nace a principios del siglo XIX y crea en 1833 la manufactura que lleva el apellido de quien inició todo esto: Pierre LeCoultre, el primer representante de este gran compendio de historias. Pierre huye de Francia tras una persecución religiosa para trabajar las tierras vírgenes y recursos forestales que ofrece la región del Jura suizo en Vallée de Joux. Mientras que su hijo participa en la progresión de la ciudad de Le Sentier, sitio que erigió a la compañía y donde permanece actualmente.

Mención especial recibe el año de 1937, fecha oficial en la que al apellido LeCoultre se le suma el de origen alemán Jaeger. Todo por el reto que Edmond lanzara a Jacques-David LeCoultre (nieto de Antoine) en 1903, instándolo a generar el calibre más delgado de la historia para un reloj de bolsillo, el 145 de 1.38 mm de grosor.

Jaeger-LeCoultre y su certificado 1000 hours test

La marca prueba cada pieza (con excepción del calibre 101 y los Atmos) durante 1000 horas, eso es control de calidad.

Y hablando de Atmos, se trata del único reloj animado por la el planeta, es decir: presión atmosférica, cambios de temperatur.  Atmos, o escuche el repicar de un Master Grande Tradition à Répétition Minutes, o disfrute de una experiencia de personalización única gracias al lienzo del Reverso, o quizá desee un instrumento para sus inmersiones oceánicas y lo encuentre en un Master Extreme, es decir, podrá usted revivir cada innovación del pasado en su evolución hacia el siglo XXI, porque el espíritu es el mismo. Ahora que si “nos ponemos serios”, llegaremos igualmente a descubrir su máxima expresión mecánica/relojera gracias a las piezas Hybris Mechanica, que están destinadas a imaginar y concebir lo inimaginable e inalcanzable para otras manufacturas.

Realizando una recopilación de nuestra experiencia en el mundo Jaeger-LeCoultre, podemos mencionar que esta se traduce en todos los idiomas y se entiende a simple vista a través de sus acabados y de la experiencia legada a sus relojeros actuales.

Piezas especiales

Además de los ya mencionados, encontramos el Millionomètre, Circa Ultra Thin, Calibre 145 de 1907, el 101 Joaillerie, Reverso 1931, Atmos (1928 por el suizo Jean-Léon Reutter de Neuchâtel), la serie Master y Master Compressor (Master Extreme), Memovox, Duomètre, Rendez-Vous para dama, Amvox, o la Hybris Mechanica anteriormente señalada. Referencias que dan brillo y continuarán haciéndolo por los siguientes años. Así de alto es el prestigio de Jaeger-LeCoultre.

Finalmente, te compartimos una galería del Reverso, must-have relojero señalado por esta redacción, que tiene como principal particularidad el nivel de personalización de la pieza, un valor lúdico aunado a una estética art-déco atemporal totalmente legendaria que parte de una necesidad: la protección de la carátula y cristal de la pieza durante los juegos de polo, un deporte que corre por la sangre de Jaeger-LeCoultre.

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ESCRITO POR

…Ya entendería yo, con cada pieza de alta relojería, que la mayor parte de lo que llamamos extraordinario se disfruta sin percatarse del paso del tiempo, pero mirando el reloj.
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