Tissot Alpine On Bord Automatic: de la mano de tu auto, literal, y de regreso

Tissot Alpine On Board Automatic es ese reloj que deseamos los amantes de los autos, y que querríamos tener en el cuadro de instrumentos. Sí, en esencia es un accesorio, por ello es que también se ofrece en el nuevo Alpine 1110 exhibido en el pasado Auto Show de París. Básicamente es un stop watch, mecanismo de cronógrafo empleado hace más de 30 años en los tableros de los vehículos de competencia. Antes de que se inventaran las computadoras de a bordo.

Sucediendo al PRS 516 presentado a principios del año, la particularidad de éste es que puede fijarse al pulso gracias a un sistema que lo lleva de la muñeca a un marco de soporte en el auto y viceversa.

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Mecánicamente porta el calibre Valjoux A05.H31, con funciones de cronógrafo de alta precisión. En cuanto a diseño, la carátula recuerda sutilmente a los contadores del famoso Alpine de los años 60. Mientras que los elementos de diseño fueron tomados del PRS 516. Agujas y pulsadores lucen forma de pistón y la correa es de cuero perforado, en reminiscencia a los bólidos anteriormente mencionados y a los guantes para piloto vistos en la época.

Con 60 horas de autonomía y una oscilación de volante a 4 Hz, esta pieza se entrega en un estuche de colección con los aditamentos necesarios para ubicar en el clúster de instrumentos. Mientras que la caja está desarrollada en acero inoxidable con extensión de 45 mm de diámetro.

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La historia del modelo Alpine

Presentado en 1961. El cual lucía una colaboración con Renault como principal proveedor de componentes. Diseñado a partir de la mecánica del emblemático Dauphine, de construcción en fibra de vidrio, se empleó este mismo material para la carrocería, logrando con un control de peso excepcional, además de trabajar en la aerodinámica. En México le conocimos como Alpine Dinalpin, y básicamente era tan revolucionario en diseño que se erigió como el ícono más representativo para los amantes de las carreteras

Tan bueno era que compitió en el Rally de Montecarlo de 1973, luciendo el patrocinio de Tissot. Aquella victoria le bastó para llevarlo a la inmortalidad. En México se le quiere y se le respeta tanto como al Renault 8, con el cual compartía algunos básicos de mecánica.

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Acerca de 

…Ya entendería yo, con cada pieza de alta relojería, que la mayor parte de lo que llamamos extraordinario se disfruta sin percatarse del paso del tiempo, pero mirando el reloj.

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