Breguet, amo y señor de la literatura relojera

BREGUETNo cabe duda que cuando se escribe se debe hacer uso de una serie de factores, artículos, aromas, geografías; elementos que describan el entorno y determinen el contexto adecuado para trasladar al lector a un mundo diseñado por el autor, ya sea que esté basado en alguna experiencia o derivado de la imaginación propia del escritor.

Y en el caso de la “alta literatura”, encontraremos que autores como: Stendhal, Mérimée, Honoré de Balzac, Alexandre Dumas, Thackeray, Victor Hugo, A.S. Pushkin, Max Jacob y Patrick O´Brian han citado a Breguet para declarar una situación en específico.

¿Por qué Breguet?

AL Breguet PortaitSin duda encontraremos algunas otras referencias a los grandes relojeros de siglos anteriores al nuestro, no solamente a la Manufactura que recuperó Nicolas Hayek, sin embargo el papel de Montres Breguet nos resulta lógico debido a su sitio mismo de nacimiento, justo en el núcleo de la realeza europea: París.

Y es que el tiempo está presente en todas las actividades del ser humano. No se entiende un episodio sin nombrar el año y tampoco se puede explicar ningún fenómeno sin el latir de las horas, los minutos y los segundos.

Ya que hablamos de tiempo, regresemos en la historia para encontrarnos en la Francia de 1775, año en el que Abraham-Louis Breguet, nacido en 1747 en Neuchâtel, decidiera fundar su taller en Quai de l´Horloge, Ile de la Cité en París, punto seleccionado debido a que, en aquellos momentos, Francia vivía una potencia política trascendental, no solo en dicha región sino en todo el Continente.

No obstante, el poder del Reino de Francia culminó con la Revolución a finales del siglo XVIII, etapa que determinaría la salida de nuestro genial personaje para refugiarse en su natal Suiza, situación que le impediría cumplir con las solicitudes de la Reina María Antonieta y de Luis XVI, quienes formaban parte de la selecta clientela del horloger, que en realidad fungía como generador de relojería a solicitud de personalidades como: Napoleón Bonaparte, Charles-Maurice de Talleyrand, el sultán del Imperio Otomano, Carolina Murat, el Zar Alejandro I de Rusia, la reina Victoria, Sir Winston Churchill, Arthur Rubinstein, entre otros. Entonces Abraham debía resolver la mecánica de quien solicitaba un tipo de complicación específica, financiando el expertise de su relojero.

No obstante, quizá la época más creativa de Breguet tuvo origen en Neuchâtel, pues fue hasta 1801 que patentó su obra más grandiosa: el tourbillon, y en este mismo tiempo desarrolló mecanismos como el Pare-Chute (1806), el primer reloj para dama, según historiadores, entregado la Reina de Nápoles (1812), el sistema de escape constante de 1798, cronómetro marino con tambor (1815) y profesionalizó sus mecanismos de repetición, termómetro, cronógrafo, reloj automático (perpétuelle de 1780) e indicador de reserva de marcha hasta su muerte en 1823 el 17 de septiembre a los 76 años de edad.

Regresando al tema central y concluyendo el breve contexto anterior, habremos de citar algunas de las letras que inmortalizaron el apellido del mejor relojero de la historia:

“A times the heart plays tricks and less us down. The vigilant are right. For god (the night Breguet) gave us faith and seeing it was good, improved it with a watchful eye”: Victor Hugo, Songs of the Streets and Woods, 1865. 

“My brother left his family a gold watch wich, apart from its intrinsic worth in gold, was endowed with the value of its age. It was bought for one hundred francs by my grandfather Bastien Lafleur in 1804, from Breguet, the greatest watchmaker of the period”: Max Jacob, Filibuth ou la montre en or, 1922.

“A dandy on the boulevards (…), Strolling at leisure until his Breguet ever vigilant, reminds hi mit midday”: Alexander Puchkin, Eugene Onegin, 1829. 

“They were both indeed Breguet watches wonderfuly accurate, wonderfully resistant (…)”: Patrick O´Brian, Blue at the Mizzen, 1999.

“Breguet makes a watch wich for the twenty years never goes wrong, while the pitiful machine by wich we live runs amiss and produces pain at least once a week”: Stendhal, Rome, Naples and Florence, 1817.

“He drew out the most delicious thin watch that Breguet had ever made. Francy, it is eleven o´clock, I was up early”: Honoré de Balzac, Eugénie Grandet, 1833.

“Danglass watch, a masterpiece by Breguet which he had rewound with care before setting out the previous day, chimed half past five in the morning”: Alexandre Dumas, The Count of Monte Cristo, 1845.

Dedicamos este artículo a su fuente de inspiración: María Eugenia de la Rosa; incansable lectora y militar de jerarquía en la materia de la buena redacción y el estilo que se debe procurar al escribir. Muchas gracias Maru, y una disculpa por mi falta de precisión.

el-conde-de-montecristoPág 205:

-Pues para obtener detalles exactos, nadie mejor que a mí pudiérais dirijios, porque he conocido desde la niñez a Luigi Vampa, y un día que había caído en sus manos al ir de Florencia a Alatri, se acordó, felizmente para mí, de nuestro antiguo conocimiento. Me dejó ir entonces, no tan solo sin hacerme pagar nada, sino que quiso dárselas de generoso, me regaló un precioso reloj y me contó su historia.

-Enseñadnos el reloj -dijo Alberto.

Maese Pastrini sacó de su bolsillo un magnífico Breguet en que se veía grabado el nombre de su autor, el timbre de París y una corona de Diablo -exclamó Alberto-. Os felicito, tengo uno semejante -añadió sacando a su vez el reloj del bolsillo de su chaleco-, que me ha costado tres mil francos.

Pág. 744:

El reloj de Danglars, obra de Breguet, al que había cuidado de dar cuerda la víspera del viaje, señalaba las cinco y media de la mañana. Sin él, Danglars hubiera ignorado completamente la hora que era”: El Conde de Montecristo.

 

 

 

Acerca de 

…Ya entendería yo, con cada pieza de alta relojería, que la mayor parte de lo que llamamos extraordinario se disfruta sin percatarse del paso del tiempo, pero mirando el reloj.

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