Oris Star y Dr Portmann Two men in suits examine a large display case filled with many wristwatches on a table outside against a dark background

El abogado que liberó al tiempo: Dr. Portmann y Oris Star

Esta es la historia de un joven abogado que tardó 10 años en derribar una ley, salvó dos veces a la casa de Hölstein y cambió para siempre a la industria.

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Todo comenzó junto a un arroyo. El 1 de junio de 1904, los relojeros Paul Cattin y Georges Christian compraron la fábrica cerrada de Lohner & Co en Hölstein, un pueblo del cantón de Basilea-Campiña, y bautizaron su empresa con el nombre del riachuelo vecino: Oris. Con 67 empleados iniciales, para 1911 ya eran el mayor empleador del pueblo con más de 300 trabajadores, construyendo incluso casas para su gente.

Oris Star y Dr Portmann Architects and draftsmen drawing technical plans at angled drafting tables under adjustable lamps in a bright studio in black and white

Pero el 12 de marzo de 1934, el gobierno suizo promulgó el “Uhrenstatut” o Estatuto Relojero: una ley de emergencia que, con el motivo de proteger a la industria, prohibía introducir nuevas tecnologías sin permiso oficial. Para Oris fue una condena. Sus competidores habían adoptado el preciso escape de áncora suizo antes de la ley; Oris quedó legalmente congelada en el escape de espigas tipo Roskopf, considerado de menor categoría. Había cuestiones ilógicas para nuestra época, como que quien fabricaba cajas de acero no podía hacerlas de oro sin autorización estatal.

Oris Star y Dr Portmann Black and white photo of a man in a lab coat leaning over a vintage precision instrument inspecting a central rotary device under a desk lamp

En 1956, el director general Oscar Herzog contrató a un joven jurista con una única misión: derribar esa ley. El doctor Rolf Portmann dedicó sus primeros 10 años en la firma exclusivamente a esa batalla. Hizo lobbyen Berna y publicó incontables artículos denunciando la regulación. El punto de quiebre llegó en 1959, cuando logró que una delegación federal encabezada por el doctor Karl Huber, visitara Hölstein y comprobara que Oris podía fabricar prácticamente todos los componentes de un reloj… sin permiso para hacerlo. El informe reconoció el carácter proteccionista del estatuto, que comenzó a desmantelarse desde 1961 hasta la victoria definitiva de 1966.

ORIS wristwatch advertisement showing a silver faced watch with a black strap beside the French slogan'Voici l'élégance'.

Ese mismo año nació el símbolo de la libertad recuperada: el calibre automático 645, primer movimiento Oris con escape de áncora suizo, montado en un reloj llamado Star. La transformación fue meteórica: hacia 1969, Oris figuraba entre los 10 mayores fabricantes del mundo, con 800 empleados y 1.2 millones de relojes anuales. Y Portmann repetiría la hazaña: en 1982, ante el plan de cerrar la marca durante la crisis del cuarzo, ejecutó junto a Ulrich W. Herzog, el management buyout que devolvió a Oris su independencia, apostando por la mecánica accesible que la define hasta hoy.

Oris Star y Dr Portmann Portrait of an older man wearing round glasses a dark suit and patterned tie against a black background

El nuevo Star Edition 2026 honra esa gesta con fidelidad conmovedora: caja tonneau de acero de 35 mm, plexiglás abombado, carátula plateada con índices dobles aplicados y Super-LumiNova, fecha a las 3 h, las leyendas “Star”, “Automatic” y “26 Jewels”, y el escudo de los años sesenta grabado al fondo. Late con el calibre automático 733 y 41 horas de reserva de marcha.

Oris Star y Dr Portmann Close up of a silver wristwatch with a black leather strap showing date window and'ORIS' branding on a gray dial (automatic, 26 jewels).

Las tres cosas más sorprendentes de esta historia: primera, que Portmann libró parte de su guerra legal escribiendo artículos de prensa, y se dice que muchos fueron bajo seudónimos; segunda, que la marca era tan querida en sus mercados de exportación que en Etiopía hubo padres que bautizaron a sus hijos “Oris”; y tercera, que el abogado salvó a la casa dos veces —del estatuto y del cierre— y sigue siendo su presidente honorario pasados los 90 años de edad.

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