Con la naturaleza como inspiración, Grand Seiko domina el arte de reflejar la belleza de montañas nevadas y flores, plasmándolas en estos lanzamientos que reflejan su implacable búsqueda de la perfección.
Tuvieron que transcurrir casi ochenta años desde su fundación para que el primer modelo del emblemático Grand Seiko viera la luz. Fue gracias al esfuerzo y dedicación de los más hábiles y experimentados relojeros de Seiko, quienes habían sido encomendados con la tarea de hacer el mejor reloj que fueran capaces de producir. Tenía que ser el reloj más durable, legible, preciso y, por supuesto, hermoso, que nadie hubiera visto hasta ahora. Representaría la cumbre en la fabricación de relojes mecánicos, en otras palabras, debía ser visto como “el reloj ideal”.
Con un movimiento Calibre 3180, el primer Grand Seiko surgió como producto de un riguroso proceso de auto certificación que no le pedía nada al grado más alto de certificación establecido en el Bureaux Officiels de Contrôle de la Marche des Montres de aquel entonces. El calibre que animó al primer modelo de esta colección era capaz de regular cualquier error de oscilación gracias a un pasador móvil, además, contaba con un volante regulador y una función de ajuste fino que lo hacían ultra preciso.
Superando barreras
En su minuciosa búsqueda por la exactitud Seiko siguió empujando los límites, y menos de 10 años después, lanzó un nuevo mecanismo al que bautizó como Very Fine Adjusted (V.F.A.), que definiría desde entonces a todos los Grand Seiko y les proporcionaba una impecable precisión de ±1 minuto por mes. El desarrollo continuó con el Spring Drive que combina la energía del muelle tradicional con lo más moderno de la relojería electrónica.
Los continuados esfuerzos de los relojeros de Seiko se cristalizarían décadas después en el calibre Spring Drive 9R65, lanzado en 2004, que consiguió reunir la cuerda automática, una reserva de marcha de 72 horas y una impactante precisión de ±15 segundos al mes. Lo que lo convierte en el reloj más preciso de muelle jamás creado.
Construir la perfección no es tarea fácil así que Seiko se tomó su tiempo para entregarnos dos versiones del nuevo Calibre Spring Drive 9RB2. Su exactitud le ha valido una nueva designación: Ultra Fine Accuracy (U.F.A.), pues tiene una impresionante precisión ±20 segundos ¡por año!
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Este impresionante movimiento es tan extraordinario que merecía, no un lanzamiento, sino dos, así que la firma japonesa ha decidido presentarlo en dos modelos de la colección Evolution 9, que contiene el alma del Grand Seiko, y en dos materiales a la altura: el titanio y el platino. Ambos relojes ostentan una caja de 32 mm de diámetro que responde a la delicadeza del mecanismo y los hacen ideales para todo aquél que guste de piezas menos contundentes o para muñecas más pequeñas.
La carátula está inspirada en las cúpulas nevadas de los árboles que se pueden avistar desde el estudio de Seiko, ubicado en Shinshu, en las montañas de Kirigamine. El grabado que adorna la pieza de titanio tiene una tonalidad gris y un brazalete del mismo material, mientras que el de platino muestra un invernal matiz azul, una correa de cocodrilo azul y es una edición limitada a solo 80 piezas. Ambos son herméticos hasta 100 metros.

El futuro del Grand Seiko
En 1967 la aún joven colección tomaría lo que sería su estilo característico con una caja fruto del ingenio de un joven diseñador, recibió el nombre de 44GS. Ángulos super afilados con bordes curveados definen el nuevo estilo de este diseño rompedor que ahora se materializa en el nuevo SBGW323 Kiri, que forma parte de la Colección Elegance.
Una caja de 36.5mm resguarda una carátula que exhibe el ya clásico tallado inspirado en el Monte Iwate, con un tenue color morado inspirado en las flores de kiri, emblemáticas de la prefectura de Iwate. Esta delicada y distinguida pieza está fabricada en acero y resguarda un mecanismo Calibre 9S64 con 24 joyas. Ofrece una precisión de entre +5 y -3 segundos, con una reserva de marcha de hasta 72 horas. La cubierta es de cristal de zafiro y es hermético hasta 100 metros.

Una presencia señorial
Pocas figuras tan impactantes como el monte Iwate en invierno, una belleza que Seiko ha plasmado en el nuevo SLGC007 Tentagraph. Con esta pieza, creada con el estilo de la Colección Evolution 9, los diseñadores de la Maison supieron transmitir la serenidad del Monte nevado en invierno a través de su carátula, que ostenta un patrón en relieve que remite a sus escarpadas crestas nevadas y un tenue color azul.
El mecanismo que lo impulsa es un poderoso Mechanical Hi-Beat Chronograph Caliber 9SC5 que late a un ritmo de 10 pulsaciones por segundo y ofrece una reserva de marcha de hasta 72 horas. Esta magnífica pieza está fabricada en titanio de alta intensidad, con una contundente caja de 43.2mm, brazalete del mismo material y cubierta de cristal de zafiro que lo hace hermético hasta 100 metros.

Estos lanzamientos plasman impecablemente, no solo la belleza de Japón en invierno, también dejan de manifiesto el compromiso ineludible de Seiko con los valores que inspiraron su fundación: la elegancia, el refinamiento, la precisión y su búsqueda incansable de la perfección.
