Engineer Master II Slide Chronograph de BALL Watch

La primera ocasión que tuve el privilegio de conocer este desarrollo de tecnología al servicio de BALL Watch, pensé que estaba frente a la creación de un repetidor de minutos, pero no había gongs, no existían los martillos y además me había mencionado, nuestro amigo Alex Kull, que se trataba de un movimiento de cronógrafo.

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BALL WATCH Tampoco existía monopulsador, no había algún elemento que destacara lejos del “gatillo” en el perfil de la caja, entonces comprendí que la revolución mecánica llegó a BALL Watch gracias a las maravillosas ideas de Philippe Antille, Director Técnico de la casa relojera con esencia norteamericana.

¿Por qué presentar dicha innovación? 

Se trata de realizar mediciones precisas, pero también de sorprender al cliente, coleccionista con innovaciones que no golpeen su bolsillo, esta es la esencia de BALL Watch, y así permanecerá, valiéndose de la genialidad de quienes trabajan en ella. Entonces la revolución llegó al crono por ser la complicación más popular y recurrente por quienes amamos el arte de la medición “deportiva” del tiempo. Asimismo, la nueva estética del Engineer Master II Slide Chronograph, se mira fresca gracias al empleo del acero para caja y brazalete, pero también a la legibilidad extraordinaria de su carátula, que luce una discreta decoración de surcos circulares, detalles que “empujan” la mirada al interior concediéndole una profundidad impresionantes.

 

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Finalmente, cuando nos referimos a BALL Watch, debemos mencionar que la tecnología de microtubos de gas tritio (H3), estará presente para conferirle una lectura incomparable aún cuando las condiciones de luz sean nulas, y hasta por 25 años de acuerdo a la garantía que presenta la Casa relojera a sus clientes. Trotadora al centro, day-date a las 3 h y totalizadores en punto de las 12 y las 9 horas, completan una estética que además presume la patente de la ejecución del cronógrafo, esto es BALL, es innovación.

Acerca de 

…Ya entendería yo, con cada pieza de alta relojería, que la mayor parte de lo que llamamos extraordinario se disfruta sin percatarse del paso del tiempo, pero mirando el reloj.

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