Si el mundo no te es suficiente, dale la vuelta REVERSO

Fue allá por los años 30, tiempos gloriosos en los que se utilizaba el reloj para conocer la hora y la fecha, esos instantes que se acumulan para contar una historia, de las que dentro de la relojería existen muy pocas capaces de equipararse a la del Reverso de Jaeger-LeCoultre.

REVERSO, un must-have relojero sin discusión, cuya principal particularidad es el nivel de personalización de la pieza, un valor lúdico aunado a una estética art-déco atemporal y totalmente legendaria que parte de una necesidad: la protección de la carátula y cristal de la pieza durante los juegos de polo, deporte que corre por la sangre de Jaeger-LeCoultre.

JAEGER LE COULTRE

La historia: René-Alfred Chauvot, el 4 de mayo de 1931, acudió al Instituto Nacional de la Propiedad de París. Pero todo comenzó a partir de un desafío. Durante un viaje a la India, el coleccionista y empresario suizo César Trey, asistió a un partido de polo entre oficiales británicos. Uno de ellos rompió el cristal de su reloj y retó a César a desarrollar una pieza que resistiera la rudeza de este deporte.

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Mr. Trey buscó entonces a su amigo Jacques-David LeCoultre y él, por su parte, solicitó a Chauvot una solución práctica, que consiste en deslizar la caja y voltearla para finalmente cubrir la carátula con el fondo de la misma, el cual además puede ser personalizado. Hoy, el Reverso Classique se vende bajo las mismas especificaciones del original: 38 mm de largo por 24 de anchura y 6 mm de perfil, al tiempo que marca las horas y minutos. Pero fue hasta 1934 que se introdujo el segundero pequeño en punto de las 6 horas.

Pocos lo saben, pero entre diciembre de 1931 y abril de 1932, ocho Reversos (cuatro en oro blanco y cuatro en oro amarillo) fueron manufacturados y vendidos bajo la referencia 106 de Patek Philippe, debido a que la manufactura de Ginebra adquiría ébauches de La Grande Maison comandada por Jacques-David LeCoultre. Cartier ostenta una historia similar debido a su relación con Edmond Jaeger, el cual había encomendado a LeCoultre realizar los calibres de la Maison.

Una historia hermosa que continúa dando brillo a la relojería del siglo XXI como un regalo inmejorable que dará sentido a la personalización de la pieza a través de su lienzo “reverso” de acero o metales preciosos, o destinado también a la entrega de otro movimiento para la indicación de un segundo mundo horológico, o una cara distinta decorada con diamantes. Reverso de Jaeger-LeCoultre, la narración del tiempo y de las emociones.

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