M.A.D. Report…

MBandFComo cada encuentro sostenido con mis amigos de MB&F, espero lo mejor al final de la entrevista o visita, en esta ocasión me encuentro con el marco del SIHH 2014 “en la espalda”, se viene una semana relojera de vastos contenidos, y justo para calentar motores hay que volverse “loco” con el equipo del Horological Lab. Es “pecado” de los periodistas –en general– preguntar qué es lo que viene para cada una de las casas relojeras, en muy pocas ocasiones nos conformamos con lo que hay, con repasar alguna presentación o referencia de importancia trascendental. Es por ello que las marcas se dan a la tarea de buscar saciar ese apetito feroz con la siguiente nota, y nosotros buscamos acapararla antes que nadie; respondiendo a las interrogantes que puedan venir de acuerdo a la gente que nos leerá el día en el que salga publicado el artículo.

Quentin Carnaille

Quentin Carnaille

Pero hoy quiero hacer un alto en el camino para referirme a la galería como un pulmón de creación excepcional, que se encuentra limitado a los metros cuadrados de exhibición, pero que presume piezas más allá de la imaginación y, muy importante, presume a los artistas que las firman. Así es Max, Charris, Eleonor y… Quentin Carnaille; francés, arquitecto graduado en Bélgica de apenas 29 años de edad. Insurrecto como la mayoría de los artistas, revela su falta de talento escolar para explotar en creatividad y talento fuera de las paredes de la enseñanza tradicional. A la edad de 24 creó, a manera de regalo para su padre, un par de mancuernillas que albergaban dos movimientos mecánicos de relojes generados en los años 30, y un año después ya habían ingresado al “Louvre des Antiquaires” de París, por lo Mr. Arka, un importante comerciante de antigüedades se interesó en la visión del joven francés.

Posterior a su graduación como arquitecto, Quentin tomó varios cursos de comercialización profesional, con lo que adquirió las herramientas para convertirse en un empresario y velar por los intereses de sus creaciones, mismas que darían como resultado la oportunidad de aperturar un taller-boutique en Lille, Francia, en donde vivió durante ocho meses en el sótano, motivado para trabajar día y noche en su labor artesanal.

Tanto tiempo de trabajo decantaría en que Quentin Carnaille se haya cuestionado leyes como la de la relatividad y el infinito, con lo que ha llegado al resultado afirmativo de que: -“El tiempo no existe. Es el resultado de la motivación humana para poder materializarlo”–. Dicha filosofía se presenta en paralelo con sus estudios entre la relojería y la arquitectura, un camino artístico que busca encontrar las respuestas a dichas afirmaciones.

Dentro de sus obras podemos resaltar las esculturas: la conocida como:

“Apesanteur”

Que nos remite a los orígenes de la medición del tiempo basados en la Astronomía, ciencia que nos llevó a determinar la noción y el concepto del tiempo que, como bien lo cita el artista, no es palpable, es una fabricación mental que resulta decisiva en la evolución del ser humano. Ésta utiliza cientos de componentes de relojes animados por un magnetismo balanceado, lo que se puede traducir como “gravedad cero”, es una escultura que flota como si se tratara de un astro levitando.

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Dicha escultura nos liga -directamente– con la mecánica relojera y la Astronomía, y está disponible en la galería mediante una serie limitada a 12 piezas.

“Infini”

La definición de este trabajo nos reitera el desprecio del concepto del tiempo como una relación exacta, basada en la teoría del infinito y enfrentándola al tic-tac que llevamos en el pulso. Se trata de 16 esculturas de relojes compuestas de miles de componentes horológicos que se acoplan entre sí mediante a la fuerza de un campo magnético. Se trata de hacer coincidir al tiempo con el infinito, coexistiendo por vez primera de manera artística y palpable, una obra de talla superior iluminada por luces de alta tecnología LED, disponible en serie limitada a 12 piezas.

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Acerca de 

…Ya entendería yo, con cada pieza de alta relojería, que la mayor parte de lo que llamamos extraordinario se disfruta sin percatarse del paso del tiempo, pero mirando el reloj.

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  1. Luis Francisco Vizcaino y Cook 20 enero, 2014

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