“Las Esmeraldas” de Girard-Perregaux

La historia es verdaderamente fascinante, una de las piezas que liga inequívocamente a la más alta relojería con nuestro país. Se trata de La Esmeralda, reloj de bolsillo concebido en 1867 y patentado en 1884 para el movimiento de tres puentes de oro, funcionales para la sujeción del órgano regulador-tourbillon y tren de engranajes. “The quest for precision”, frases de Michele Sofisti, CEO de la división relojera de Kering, antes PPR, grupo de lujo que obtuvo el control en la dirección de Girard-Perregaux y cuya misión consiste continuar la búsqueda de la precisión iniciada por Jean-François Bautte hace más de dos siglos (222 años) y continuada por el matrimonio de Constant Girard y Marie Perregaux.

La pieza describía una visión a futuro en la relojería, presentaba mecanismos nunca antes vistos ni imaginados, razón por la cual fue condecorada con la medalla de oro en 1889 por la Paris Universal Exhibition. En respuesta al amplio mercado que Girard-Perregaux & Cie (en aquel entonces) debía atender, los hermanos de Marie Perregaux viajaron a diferentes puntos estratégicos del globo terráqueo, como Japón, los Estados Unidos y Latinoamérica.

El reloj –referenciado 168230–, fue ampliamente elogiado por los coleccionistas de la época, tanto por su alto valor estético, como por su movimiento. El trabajo de grabado, obra de Fritz Kundert, un artesano de Neuchâtel, fue reconocido por el mercado Sudamericano, su trabajo, incluso hoy en día ha sido dificilísimo de replicar.

Quisiera, si me lo permite, hacer una pausa para compartirle las imágenes que vivió la redacción de Watches World con la visita de Michele, las piezas, la presentación y su inteligente sonrisa, que hace pensar en un futuro brillante para la marca a nivel mundial.

La inscripción grabada en la cubierta de polvo de “La Esmeralda” nos dice que fue enviado a la agencia de Hauser, Zivy & C °. Empresa, con presencia en La Chaux-de-Fonds, Ciudad de México y París, fue fundada por los Sres. Hauser y Zivy. Eran Los propietarios en el siglo XIX de la tienda de lujo, “La Esmeralda”, en la Ciudad de México, seguramente comercializó el reloj durante aquellos años, para que años más tarde, tras la adquisición de Girard-Perregaux por la familia alemana Graef (finales de 1960), durante un viaje al Continente, adquirieron la pieza a un descendiente de la familia Díaz, lo que nos lleva prácticamente a asegurar que el ex Presidente de México –por más de tres décadas– fue poseedor de dicho reloj, hoy propiedad del museo de la marca en La Chaux-de-Fonds.

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“La Nueva Esmeralda”

Producto de la reciente sociedad con una de las compañías de distribución más experimentadas en nuestro país, Temposatis, Girard-Perregaux ha decidido presentar una pieza que, sin duda, celebra de manera inmejorable el regreso de La Esmeralda a un país que la albergó y dio lustre a la historia de la manufactura. Concebida como pieza única, La Nueva Esmeralda, reinterpreta a su manera la esencia de la pieza original, al incorporar uno de los mecanísmos anti-gravitatorios más precisos de la industria, el laureado tourbillon Bi-Axial con tres puentes, sistema que garantiza la regularidad de marcha de sus agujas, al tiempo que exhibe una arquitectura digna del siglo XXI, y que ha sido “esculpido” a mano por los artesanos más audaces de GP.

La Esmeralda, Limited Edition

Una de las colecciones más exitosas de Girard-Perregaux da vida a la leyenda de una manera sobria y con sentido histórico, un homenaje a la más grande estrella del museo de GP, que además exhibe el tiempo de manera atemporal, sus agujas y carátula presentan una arquitectura minimalista que resalta la inscripción La Esmeralda, mientras que al rotar la pieza podemos observar un motivo de los “tres caballos” esculpidos en la pieza original. Un reloj exclusivo para coleccionistas que gusten de dotar a su muñeca con un reloj e historia de la más alta manufactura.

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Acerca de 

…Ya entendería yo, con cada pieza de alta relojería, que la mayor parte de lo que llamamos extraordinario se disfruta sin percatarse del paso del tiempo, pero mirando el reloj.

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