Relojería al tequila… Girard-Perregaux en México

GIRARD-PERREGAUX TEQUILAYa no hay más que decir –que valga–, las fotografías explican más que mil palabras, y créame que un periodista siente emoción al ver este tipo de imágenes, que además exhiben uno de los compromisos más importantes de la relojería hacia futuro, la formación de nuevos relojeros y llevar este oficio y expertise alrededor del planeta. Si bien la alta horología tiene su sede mundial en Suiza, el talento no conoce fronteras y quizá algún día podamos referirnos a un genio relojero desarrollando equipos y alta complicación en La Chaux -de- Fonds, por ejemplo, sede de las labores de manufactura marcadas con las letras “GP”, el apellido de abolengo: Girard-Perregaux.

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Adicionalmente, el escenario seleccionado para aterrizar el buque de “Jóvenes Maestros Relojeros”, fue el Estado de Jalisco, particularmente los campos mágicos de Tequila y la emblemática casa productora de esta mítica bebida: Herradura y el campo de agave Los 4 vientos, sitio que forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Hemos abordado en bastantes ocasiones la relación tan personal que Girard-Perregaux tiene con México, pero si recuerdan la pieza “La Esmeralda”, sabrán que fue propiedad de don Porfirio Díaz, máximo mandatario del país, y principal fomentador del arte y la cultura europeas en este territorio nacional. Finalmente, comentaremos que esta gira ya ha visitado las ciudades más importantes del país, por lo que debemos destacar que el Pueblo Mágico de Tequila en el Estado de Jalisco haya sido seleccionado como uno de los puntos que reciban a estas geniales mentes relojeras; Nueva York, Miami, Beijing, París, Shanghai, Sidney, y algunos otros por venir, han sido testigos de la horología comprometida con la humanidad hacia futuro, el cual, al menos para Girard-Perregaux, cuarta casa relojera suiza más antigua del planeta, se asegura brillante. ¡¡¡Felicidades!!!

Acerca de 

…Ya entendería yo, con cada pieza de alta relojería, que la mayor parte de lo que llamamos extraordinario se disfruta sin percatarse del paso del tiempo, pero mirando el reloj.

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