Patek Philippe: lo clásico permanece

WW-OTOÑO 2012. Fue en 1925 cuando Patek Philippe produjo el primer reloj de pulsera con calendario perpetuo en el mundo. Dentro del universo de complicaciones relojeras (tourbillon, repetición de minutos, cronógrafo con ratrapante, etc.), el calendario perpetuo es la que más utilidad ofrece en el día a día. La Manufactura ginebrina presenta un gran clásico dentro de una caja –coussin– cuya forma desempeña un papel importantísimo en la historia de la marca. Propuesta en oro amarillo de 18 quilates, la nueva referencia 5940 habita en un espacio miniatura: ¡27.5 mm de diámetro!

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En el siglo XIX, los calendarios perpetuos de bolsillo figuraban ya entre las complicaciones Patek Philippe más apreciadas. Con la expansión de los relojes para la muñeca, la casa se convirtió en pionera del desarrollo de este mecanismo para los relojes de pulsera. Durante esta misma época, en Europa surgió el movimiento Art-Decó. La arquitectura, así como el mobiliario y el diseño industrial, estuvieron ligados a una gran influencia de las artes plásticas. Patek Philippe adoptó de este estilo como una filosofía de creación perenne. Dicho espíritu puede apreciarse en la colección Gondolo, la cual agrupa a todos los relojes dotados de cajas no redondas. Con el nacimiento del Art-Decó, el novel reloj de pulsera consiguió muy pronto la categoría de emblema del diseño, mismo que conserva hasta nuestros días. Los relojes coussin de la Manufacturacosecharon un gran éxito entonces, así lo demuestran las piezas que se pueden admirar en el Patek Philippe Museum.

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240 Q: calibre de leyenda

Íntegramente ensamblado en los talleres de complicaciones de la Manufactura, dicho calibre resulta una obra maestra de técnica y estética. Compuesto de 275 piezas, pese a estar dotado de cuerda automática, sólo mide 3.88 mm de espesor. El movimiento base lanzado en 1977, con minirrotor descentrado de oro integrado a la platina, mide 2.53 mm de alto, dejando 1.35 mm para el módulo de calendario. Este último indica en permanencia la fecha exacta tomando en cuenta automáticamente la duración variable de los meses (31, 30 o 28 días), así como el 29 de febrero de los años bisiestos. Requerirá un ajuste hasta el 2100, fiel a la tradición y savoir-faire de Patek Philippe. Dicha corrección se efectuará de manera sencilla y rápida, y al término de esta manipulación, el reloj volverá a indicar la fecha exacta durante todo un siglo y en condiciones de carga óptima. La indicación de las fases de Luna se distingue asimismo por su excepcional precisión: solamente varía un día respecto al ciclo lunar a lo largo de más de 122 años, lo que equivale a un índice de error bajísimo. La exactitud de marcha se sitúa entre -3 y +2 segundos en el transcurso de 24 horas, tal como lo determina el sello Patek Philippe para los calibres mecánicos con un diámetro superior o igual a los 20 milímetros (lo cual supera los valores exigidos para los cronómetros oficialmente certificados). La extraordinaria precisión y belleza atemporal, encuentran su punto de equilibrio gracias a un diseño que conjuga perfectamente la tonalidad de la carátula con el oro amarillo y el juego que forman con cada una de sus indicaciones.

Un nuevo capítulo en la crónica del calendario perpetuo de Patek Philippe se escribe con la referencia 5940. El diseño inspirado en el Art-Decó de las décadas 1920-1930, acompaña al desarrollo y maestría relojera de una casa con más de 160 años de historia.

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Referencia 5940

Calibre: 240 Q

Movimiento: mecánico extraplano de cuerda automática

Frecuencia: 21,600 a/h

Reserva de marcha: 48 h

No. de piezas: 275

Joyas: 27 rubíes

Funciones: horas y minutos; calendario perpetuo; fases de Luna e indicador de 24 h

Caja: 27. 5 mm coussin de oro amarillo de 18 quilates / Cristal: zafiro abombado

Carátula: color blanco crema acabado grano / Agujas: tipo hoja de oro amarillo; agujas de 24 h y año bisiesto de acero azulado

Correa: piel de cocodrilo negro mate

Hermeticidad: 30 metros.

Acerca de 

…Ya entendería yo, con cada pieza de alta relojería, que la mayor parte de lo que llamamos extraordinario se disfruta sin percatarse del paso del tiempo, pero mirando el reloj.

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