Felices 27 Andy, RADO

RADO

Hace algunos años, cuando Andy buscaba abrirse paso en el deporte blanco y crear un nombre a partir de su juego, los apasionados a este deporte veíamos en él una ambición genuina por ganar, pero no por hacerlo únicamente dentro de la cancha, sino fuera de ella.

Así, Murray demostraría que el trípode de superficies utilizadas para jugar al tenis, debían dejarle un mensaje para crecer en tres aspectos importantes: profesional, personal y espiritual. Hace menos de un año que Andy Murray conquistó por vez primera, desde que Fred Perry lo hiciera en 1936, el Abierto de Tenis Británico, lo que significa que se ha convertido en el héroe de todo el Imperio Británico, y dejó de ser aquél tenista tenaz, para transformarse en leyenda.

Hoy Murray celebra su cumpleaños número 27, y para quien escribe resulta indescriptible aplaudir al deportista que debe madurar mucho más rápido, cuidar su cuerpo y rendimiento sacrificando la vida regular de una persona de su –corta– edad y, aunque todo “paga”, Andy es de ese tipo de personas que gustan de llevar una vida de acuerdo a los valores que ha adquirido en casa. Su madre lo acompaña a los partidos más importantes, mientras que su novia, Kim Sears, ha estado a su lado durante prácticamente toda su carrera, lo que transmite consistencia y compromiso.

RADO comulga con dichos principios, es así que no podría haber mejor Embajador para la marca, pero tampoco mejor marca para el tenista escocés, que abraza la innovación y tecnologías inherentes a la esencia de RADO, y que vive de acuerdo al eslogan de la firma: Unlimited Spirit…RADO/Murray.

Andy Murray presume un trío de referencias realmente fantásticas, primero el D-Star 200, posteriormente el HuperChome y más recientemente el Hyperchrome Court, la primer colección dedicada a cada universo del tenis: césped, tierra batida (polvo de ladrillo) y cancha dura. Admírelos. y decida cuál será su regalo de Día del Padre.

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…Ya entendería yo, con cada pieza de alta relojería, que la mayor parte de lo que llamamos extraordinario se disfruta sin percatarse del paso del tiempo, pero mirando el reloj.

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