El polo de Cartier…

CARTIEREl deporte de los reyes, así es conocido el polo –mundialmente–,  y aunque fuera originado en Persia y su nombre se derive del tibetano “pulu” (pelota), actualmente se practica fundamentalmente en Inglaterra, Francia, India, Argentina, Brasil, Australia, México, Canadá, España, Uruguay y Pakistán.

Su abolengo de hereditario y las herramientas para poder practicar este deporte, lo han llevado a la exclusividad más alta del mundo ecuestre, pues para competir durante un partido completo de polo, no solo se debe emplear un equino, sino varios, esto a consecuencia del desgaste que sufre cada uno de estos animales durante un partido con 8 periodos de 7 minutos, por mencionar algo.

Ahora bien, dejando el contexto en claro, Cartier arropa al polo desde hace 30 años, y así como en su relación con el arte, el deporte constituye un eje fundamental para la marca, celebrando y auspiciando la final de la Copa Cartier Queens Cup el pasado 15 de junio. Asimismo, desde 1984, la Maison patrocinó el Día Internacional de Polo en el Guards Polo Club, en Inglaterra, y a partir de este momento el Cartier Polo International Day se ha convertido en el evento más prestigioso del polo, recibiendo más de 25 mil personas.

Durante 27 años, Cartier continuó el patrocinio el Día Internacional del Polo, y hace tres que comenzó su historia con la Queens Cup, uno de los eventos más importantes del deporte a nivel mundial, tanto que el Príncipe Felipe de Borbón y el Príncipe Carlos de Gales han tomado parte en la final, asimismo la Reina Isabel II, acude año con año a la celebración y festejo del cuarteto campeón.

Finalmente, debemos apuntar que celebridades de la talla de Keira Knightley, Emma Watson, Colin Firth, Cindy Crawford, Richard Gere, Diane Kruger, Angelina Jolie, o Sharon Stone, entre otros, se dan cita para vivir la emoción del deporte de los reyes gracias al patrocinio del “rey de los joyeros”: Cartier.

Acerca de 

…Ya entendería yo, con cada pieza de alta relojería, que la mayor parte de lo que llamamos extraordinario se disfruta sin percatarse del paso del tiempo, pero mirando el reloj.

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