Tic-Tac: la modernidad

WW-PRIMAVERA 2012.  ¿A dónde nos ha llevado la tecnología? Podemos responder esta pregunta si nos remitimos a los básicos: cómo se genera la luz, cómo se construye un gran puente o cómo vuela un avión. Estas cuestiones han logrado ser comprendidas, el siguiente paso es -por ejemplo- entender cómo funciona un celular, un artefacto en el que es posible guardar un sinfín de información, así como libros, música, aplicaciones, videojuegos, correo electrónico, etcétera.

La primera vez que estuve consciente de las latitudes y longitudes de nuestro planeta, fue a través del globo terráqueo que el abuelo tenía en su oficina. Ese mágico globo guardaba la información sobre cómo el hombre había sido capaz de orientarse en el planeta para llegar a un punto determinado. Hoy podemos hacer lo mismo mediante un GPS,  que es un sistema de localización satelital, y todavía más fácil: con un celular y con las redes sociales que pueden detectar el lugar donde uno está ubicado.

Lo anterior me lleva al tic-tac del escape de un reloj, con cuyo mecanismo hemos podido regular la medición del tiempo, crear las rutas marítimas y aéreas, medir la Tierra y determinar la distancia del sonido o la luz. Asimismo, con él iniciamos la ciencia de la computación en los años setenta, su expansión en los noventa, y si a principios del siglo se cuestionó el funcionamiento básico de la “luz eléctrica” en el famoso “Y2K”, fue precisamente por las computadoras, sin las cuales hoy ya no podemos vivir debido a su eficaz manejo de la información.  Fue en un código binario “0” y “1”, donde inició el arreglo, instrucción y almacenamiento de la era de la información.  ¿Le suena  parecido al tic-tac? Los códigos binarios, como en estos dos ejemplos del siglo pasado, nos llevaron a crear muchas cosas, como medir el tiempo y luego, la mejora  que surgió de la precisión de la relojería. Es más, el reloj que trajo de regreso a los tripulantes del Apolo XIII -que perdieron sus controles en el espacio-, hacía precisamente tic-tac. Actualmente ese código está presente en la mente de todos, ¿quién no lo ha escuchado?  Sin duda, la ciencia ya presente en el globo del abuelo -quien lo debe haber comprado más o menos por los años sesenta-, ya dejaba entrever la tecnología digital que nos ha facilitado la  vida diaria. No obstante, ese globo había sido desarrollado con la tecnología de un mundo que hasta ese momento desconocía la computación. El tic-tac ha llegado a tan impresionante desarrollo, consistencia y precisión, que lo atesoramos en el mundo relojero como algo único y con carácter artesanal. La energía del “0” y “1” necesariamente es eléctrica, la del tic-tac requiere solamente el movimiento del cuerpo humano para darle cuerda o llevarla en su muñeca. Para los que apreciamos no sólo la estética de los fabulosos relojes actuales, sino la ciencia relojera que hoy compite con las tecnologías que han logrado ubicar al mundo en la nueva era de la vida digital, no me resta más que agregar que el tic-tac ha sido fundamental para recorrer el mismo globo terráqueo de ese abuelo que no conoció computadora alguna. Sus aparatos eran más básicos, pero de ellos me ocuparé en otra ocasión, pues me hacen recordar de dónde venimos y apreciar a dónde hemos llegado. Después de todo, la tecnología es un legado para la siguiente generación…

El tic-tac más rápido del mundo

El tic-tac más rápido del mundo
El Mikrotimer Flying 1000 de TAG Heuer incorpora dos escapes independientes, logrando con ello una velocidad 10 veces más rápida a la de la mayoría de los relojes deportivos “comunes”.

 

 

-Manuel Mejía-

 

Acerca de 

Fundador de Watches World y varias publicaciones impresas, programas de radio y televisión.
Ha escrito durante 14 años sobre relojería, entrevistando a los ejecutivos más notables y dueños de las casas relojeras.
Fundador de medios impresos dedicados a la relojería de alto nivel. Recurrente visitante de las famosas ferias relojeras de Ginebra y Basilea en Suiza.
Viajero incansable, periodista de vocación y amante de los autos, motocicletas y relojes.

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